Isopos: ¿Buenos para los oídos?

Casi todos en más de una ocasión nos hemos limpiado los oídos con isopos que compramos en la farmacia. Y es que de niños, nuestros padres e incluso abuelas, nos enseñaron que el aseo de los oídos es algo importante y que si no los limpiabamos frecuentemente estarían todos llenos de cerilla y eso era muy desagradable a la vista de los demás. Crecimos con esta idea, y un altísimo porcentaje de la población compran los isopos exclusivamente para limpiar sus oídos y no para otra cosa.

Sin embargo, algo que no se ve mucho en la propaganda de los bastoncillos, es que en realidad tienen una infinidad de usos, excepto el de limpiado de los oídos. Con ellos las chicas pueden acomodarse el maquillaje en el rostro, los niños pueden usarlos para pintar con pinturas acrílicas, los adultos para limpiar sonas pequeñas del hogar y los artefactos eléctricos, y muchos otros usos. Pero no son ni deben usarse para asear los oídos ni el canal auditivo.

Un reciente e interesante estudio, llevado a cabo por el hospital estadounidense Nationwide Children’s, ha revelado información que una cantidad importante de la población mundial desconoce. Y es que los accidentes con estos pequeños isopos mal usados, son causantes de infortunios, que si bien no son del todo graves, hacen vivir un mal rato y mandan a más de uno a la emergencia de los centros sanitarios. Dicha investigación ha mostrado que alrededor de 12.500 jóvenes menores de 18 años han tenido que ir al médico por lesiones leves y algunas más agudas, hechas por estos bastoncillos. Los porcentajes más altos de los accidentes muestran que los lesiones de los niños fueron en el momento de jugar con el isopo y otros porque se cayeron con el bastoncillo dentro del oído. Un 73% de los accidentes ocurren  mientras se está llevando a cabo la limpieza del canal auditivo.
¿Si no uso isopos como limpio mis oídos?

Los expertos y doctores han explicado que aunque la cera parezca desagradable, en realidad cumple una función importantísima. Es justamente ella la que garantiza el aseo de los oídos. En la cerilla queda atrapado el polvo y toda la suciedad que entra al odio. Su función es proteger que nada llegue al tímpano, por ello cuida el buen funcionamiento de la escucha. Cuando ya está cargada de suciedad, el oído la va expulsando hacia afuera y esta se endurece y cae cuando nos bañamos. En esto consiste la higiene del oído.

Lo que si se puede hacer es limpiar con cuidado la oreja, con algo no menor de tamaño que el codo. De resto, ni los isopos ni otro pequeño objeto debe invadir el espacio que debe estar siempre libre en el canal auditivo.