El padre de Lucas Pertossi rompió el silencio y expresó su deseo de abrazar a la familia de Fernando Báez Sosa
A cinco años del crimen que conmocionó al país, Marcos Pertossi, padre de Lucas Pertossi, uno de los jóvenes condenados por el asesinato de Fernando Báez Sosa, habló públicamente sobre cómo vive su familia desde aquella noche en Villa Gesell. En un testimonio cargado de reflexión y arrepentimiento, el hombre aseguró que piensa todos los días en los padres de Fernando y que anhela poder abrazarlos algún día.

En diálogo con el programa Tarde o Temprano (El Trece), Pertossi relató cómo fue el momento en el que recibió la noticia que cambiaría su vida. “Eran las diez y media de la mañana cuando sonó el teléfono. Un conocido me dijo: ‘Marcos, poné la tele, Lucas mató a un pibe’. Sentí que el mundo se me venía abajo”, recordó con evidente angustia. Ese instante, contó, marcó un antes y un después para toda su familia.
El padre del joven remarcó que desde entonces vive con un profundo pesar y que intenta asimilar lo ocurrido. “Lo que le pasó a esta gente —la familia Báez Sosa— es una barbaridad. Quiero soltarlo, darles el pésame, abrazarlos. Me muero por eso. Todas las noches pienso en ellos y en lo que sufren”, expresó. Aseguró también que su hijo Lucas comparte ese sentimiento de arrepentimiento y que es plenamente consciente del daño causado.
Las palabras de Marcos Pertossi marcaron una instancia poco habitual: la de un familiar directo de los condenados que se dirige públicamente a la familia de la víctima con un mensaje de empatía y dolor compartido. Durante los años posteriores al crimen, el silencio había sido la norma para los entornos de los rugbiers, que optaron por mantenerse alejados del foco mediático.
El crimen de Fernando Báez Sosa, ocurrido a la salida de un boliche en Villa Gesell en enero de 2020, generó una enorme repercusión social. Ocho jóvenes fueron condenados por el ataque, cinco de ellos a cadena perpetua y tres a 15 años de prisión. Entre los sentenciados se encuentra Lucas Pertossi, quien fue hallado culpable por su participación activa en los hechos.
Actualmente, todos los condenados cumplen su pena en el penal de Melchor Romero, un establecimiento de régimen común para internos de baja conflictividad. Según explicó la periodista Mónica Candalaft, los ocho se encuentran alojados en el mismo sector, distribuidos en cuatro celdas de dos personas cada una. “Están juntos, conviven entre ellos y mantienen una rutina tranquila”, detalló.
La periodista también aclaró algunos rumores que habían circulado en las últimas semanas sobre supuestos incidentes dentro del penal. “Se había dicho que Máximo Thomsen había protagonizado una pelea y tenía un sumario administrativo, pero el Servicio Penitenciario Bonaerense lo desmintió. También se habló de un intento de autolesión de uno de los Pertossi, lo cual fue negado rotundamente por la familia”, aseguró Candalaft.
A pesar de las versiones y especulaciones, todo indica que los rugbiers mantienen una convivencia estable, sin conflictos internos ni privilegios especiales. Sin embargo, el futuro judicial de los condenados parece no ofrecerles demasiadas esperanzas. “No hay ningún juez en la Argentina que se anime a firmar una reducción de pena o una excarcelación en un caso con tanta repercusión social”, señaló la periodista.
El testimonio de Marcos Pertossi se suma a las voces que, con el paso del tiempo, intentan reflexionar sobre una de las tragedias más dolorosas de los últimos años. En su mensaje, no buscó justificar lo ocurrido, sino expresar su pesar y su deseo de reparación humana, aunque sea simbólica. “No puedo cambiar lo que pasó, pero quisiera poder decirles que lo siento, mirarlos a los ojos y darles un abrazo”, confesó.
Sus palabras reabren un debate profundo sobre el perdón, la culpa y el impacto de la violencia en las familias involucradas. Mientras los condenados continúan cumpliendo sus penas y los padres de Fernando siguen reclamando justicia y memoria, el deseo de reconciliación de Pertossi marca un gesto distinto, una voz que reconoce el sufrimiento ajeno y la imposibilidad de escapar del peso de lo ocurrido.